Cuando el peligro está en tu mente, pero tu cuerpo lo siente como real

A veces basta un silencio, un mensaje sin respuesta o un cambio en el tono de voz para que nuestro sistema nervioso se ponga en alerta. El cerebro interpreta el presente utilizando también experiencias del pasado y puede anticipar un peligro que en ese momento ni siquiera está ocurriendo. En este artículo veremos qué sucede en nuestro cerebro y nuestro cuerpo cuando se activa esa alarma y qué podemos hacer para recuperar la calma y volver al presente.

9/16/20263 min read

brown lioness
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Cuando el peligro está en tu mente, pero tu cuerpo lo siente como real

Imagínate esta situación.

Envías un mensaje a tu pareja.

Pasan dos horas y sigue sin responder.

El hecho: todavía no ha contestado.

Pero tu mente empieza a completar los espacios:

«Está distante.»
«Está enfadado conmigo.»
«Algo ha cambiado.»
«Me va a dejar.»

Y entonces ocurre algo fascinante.

Tu corazón se acelera. Sientes presión en el pecho. Tu respiración cambia. Te cuesta concentrarte. Miras el teléfono una y otra vez.

Aquello que estás imaginando todavía no ha ocurrido, pero tu cuerpo ya está respondiendo.

El cerebro es una máquina de anticipar

Nuestro cerebro utiliza continuamente experiencias anteriores para interpretar lo que está sucediendo y anticipar lo que podría ocurrir después.

Esto tiene una enorme utilidad para nuestra supervivencia.

Si algo del presente se parece a una experiencia que anteriormente estuvo asociada al miedo, al rechazo o al peligro, nuestro sistema de alarma puede activarse con enorme rapidez.

Una mirada.
Un tono de voz.
Un silencio.
Una puerta que se cierra.
Una persona que tarda en responder.

El estímulo pertenece al presente, mientras que el significado que le damos puede estar profundamente influido por nuestra historia.

Cuando la alarma se dispara

La amígdala participa, junto con otras regiones cerebrales, en la detección de aquello que puede resultar relevante o amenazante.

Cuando percibimos peligro, el organismo puede preparar una respuesta de protección: aumenta la activación, cambia nuestra atención y se movilizan recursos para responder.

Popularmente se utiliza la expresión «secuestro de la amígdala» para describir esos momentos en los que la respuesta emocional parece adelantarse a nuestra capacidad de reflexionar.

Es una metáfora.

La amígdala jamás «secuestra» literalmente nuestro cerebro. Lo que sucede es mucho más complejo y participan diferentes redes cerebrales y sistemas corporales.

Pero la sensación puede resultar muy reconocible:

«Sé que estoy reaccionando muchísimo, pero ahora mismo soy incapaz de salir de aquí.»

Tres ejemplos cotidianos

Una pareja tarda en contestarte.
Tu historia contiene experiencias de abandono y tu mente interpreta el silencio como una señal de pérdida.

Tu responsable te dice: «Cuando puedas, ven a mi despacho».
En segundos estás imaginando un error, una reprimenda o incluso un despido.

Alguien cambia ligeramente el tono de voz.
Tu cuerpo se tensa antes de que hayas podido averiguar qué ocurre.

En los tres ejemplos existe una diferencia fundamental:

una cosa es lo que está ocurriendo y otra lo que nuestro cerebro predice que podría estar ocurriendo.

Y nuestro cuerpo puede reaccionar ante esa predicción.

¿Qué puedo hacer cuando mi sistema nervioso entra en alerta?

El primer objetivo consiste en recuperar suficiente calma para volver al presente.

1. Pon nombre a lo que está ocurriendo

Puedes decirte:

«Mi sistema de alarma se ha activado.»

Poner palabras a la experiencia puede ayudarte a tomar cierta distancia de ella.

2. Separa hechos de interpretaciones

Pregúntate:

¿Qué sé realmente en este momento?

«Lleva dos horas sin contestarme» es un hecho.

«Ha dejado de quererme» es una interpretación.

Esta pequeña diferencia puede cambiar mucho.

3. Mira alrededor

Observa conscientemente dónde estás.

Nombra cinco cosas que ves.
Siente tus pies apoyados en el suelo.
Percibe la temperatura de la habitación.
Escucha los sonidos que existen a tu alrededor.

Le estás ofreciendo a tu cerebro información del aquí y ahora.

4. Alarga suavemente la exhalación

Respira de manera cómoda y permite que la salida del aire sea algo más larga que la entrada.

Sin forzar.

El objetivo consiste en transmitir al organismo una señal de desaceleración, en lugar de convertir la respiración en otra tarea que tengas que hacer perfectamente.

5. Dale movimiento al cuerpo

Caminar unos minutos, cambiar de habitación, estirar suavemente brazos y piernas o mover el cuerpo puede ayudar a canalizar parte de esa activación.

A veces intentamos solucionar únicamente con pensamientos algo que también está ocurriendo en el cuerpo.

6. Espera antes de actuar

Cuando estamos muy activadas podemos enviar ese mensaje, iniciar esa discusión o tomar esa decisión que unas horas después vemos de otra manera.

Primero regula.

Después interpreta.

Y entonces decide.

7. Cuando haya pasado, observa el patrón

Pregúntate:

¿Qué activó mi alarma?

¿Qué historia construyó mi mente?

¿Qué sentí en mi cuerpo?

¿Con qué experiencia anterior podría estar relacionado?

Aquí comienza un trabajo mucho más profundo de autoconocimiento.

Tu reacción tiene una historia

Comprender nuestro sistema nervioso significa empezar a distinguir entre el peligro que está ocurriendo y la alarma que se ha activado.

Podemos cambiar la manera en que interpretamos determinadas experiencias y ayudar a nuestro organismo a desarrollar respuestas diferentes.

La historia que vivimos permanece.

Pero podemos transformar la relación que mantenemos con ella en el presente.

Y quizá la próxima vez que aparezca un disparador puedas detenerte unos segundos y preguntarte:

«¿Qué está ocurriendo realmente ahora y qué parte está añadiendo mi historia?»

Si sientes que determinadas situaciones activan una y otra vez las mismas respuestas y precisas comprender qué hay detrás de ellas, puedo acompañarte a explorar esos patrones y recuperar una mayor sensación de seguridad y dirección.

✨ Sigue el faro. Volver a casa.